El Arte Perdido de la Cartografía

Los mapas son una de las herramientas más prácticas que nos ofrece la era digital, sin embargo la modernidad ha dejado atrás la extrema habilidad que antaño requería su elaboración

El uso de los mapas ha sido universal en todas las culturas desde épocas prehistóricas. Su influencia en el desarrollo de las civilizaciones resulto siempre indispensable y transcendental como la invención de la rueda o el dominio del fuego. Desde las rudimentarias representaciones halladas en las cuevas de Lascaux (16,500 a.C.) hasta las modernas herramientas de localización GPS de que disponemos hoy día, podemos encontrar, invariablemente la misma necesidad elemental de disponer de información y referencia geográfica.
Los primeros cartógrafos disponían, en la antigüedad, de muy poca información de referencia para auxiliarse. Muchas veces simplemente utilizaban su habilidad para representar la panorámica de determinada zona según su intuición. A veces, realizar una representación fidedigna implicaba subir a una cumbre lo suficientemente alta para poder plasmar el relieve de una determinada demarcación y ello se hacía hasta donde la vista alcanzara. Evidentemente esta técnica resulta muy limitada, pues no siempre habrá una montaña que se pueda escalar y el proceso de confección de un mapa presenta diferentes grados de dificultad según el área geográfica a representar.
La representación del mundo conocido fue siempre una las imágenes más representativas del poder político, pues resultaban un tesoro de gran valía para las potencias, ya que podían brindar cierta ventaja a una nación sobre otra en el comercio marítimo y la guerra. A principios del siglo XVI existían representaciones bastante acertadas acerca de acerca de África, Europa, parte de Asia e incluso américa. El primer mapamundi conocido que contemplo detalles de América se atribuye a Juan de la Cosa en el año 1500, quien fuera capitán de la célebre calavera Santa María y acompañase a Colón en su primer viaje al nuevo mundo. Esta representación incorporaba detalles acertados acerca de America, aunque no era, ni con mucho, lo que podríamos llamar un dibujo preciso. La realización de mapas de cierta exactitud no fue una tarea realizable hasta el siglo XVIII. Fue con la invención de instrumentos como la brújula, el astrolabio y el sextante que se hizo viable la tarea de confeccionar cartas navales con mayores tecnicismos, sacando provecho de las grandes y osadas exploraciones navales de antaño. Por medio de estas últimas fue posible estimar parámetros fundamentales del globo terráqueo.
Desde siempre la cartográfica estuvo fuertemente relacionada a la navegación y la observación de las estrellas. El cielo nocturno, si se considera como una representación invariable, sirve como un mapa en sí mismo y puede brindar una referencia de “espejo” a la tierra. Sin embargo, la variante ubicación de los astros conforme las estaciones hacen que la tarea sea en extremo complicada, aún para aquellos con extrema habilidad y experiencia.


El desarrollo de la cartografía como ciencia ha experimentado una evolución sistemática a lo largo de los siglos. Conforme se hizo necesario disponer de cada vez información de las demarcaciones territoriales. Para el siglo XIX la cartografía era ya una ciencia consagrada. Por entonces los mapas gozan de bastante precisión y su elaboración amerita la sensatez propia a las obras de arte. Por su parte, la era satelital y el internet han colocado a la cartografía en su punto más alto, a la vez que han devaluado la profesión del cartógrafo, pues ya la precisión de los mapas no depende de su habilidad con el papel sino de las lentes fotográficas.
Hoy día un mapa resulta ser una de las herramientas más atractivas y útiles de que disponen los teléfonos modernos, imprescindible para nuestro desenvolvimiento. Sin embargo, nuestra consciencia parece desdeñar su verdadera importancia. Quizás por la abundancia actual de lo que anteriormente era un recurso tan preciado o talvez sea la embriaguez propia de sentir que tenemos el mundo en nuestras manos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *